Tierno momento, es el blog donde plasmo mi imaginación, las fantasías, lo irreal, lo romántico, el AMOR, los nostálgico, la aventura, el suspenso, el reclamo, el enojo. Cuando escribo me inspiro en las experiencias cotidianas, en la reacción de la gente, en una sonrisa, en la naturaleza, o simplemente en dos palabras que puedas decirme.
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domingo, 17 de agosto de 2025

"El café del recuerdo" A MI MADRE

"El Café del Recuerdo"

Sonó el despertador. Eran las 6:30 de la mañana. Me levanté y realicé la rutina de todos los días antes de ir al trabajo. Preparé mi café, bien cargado para mantenerme despierto. Justo al echarlo en el agua, me abordó un recuerdo de mi madre, de todas las veces que me decía: «El café te hace daño… te echas mucho, tienes que aprender a controlarte». Fue entonces, al sentir el aroma intenso del café. Recordé: 

Tenía 22 años. Un acelerado en la vida. Cada fin de semana era pura diversión: los amigos, un mundo lleno de luces, de música, de desenfreno. Me sentía el más importante de todos. Desde que empecé a ganar dinero en mi primer trabajo, mis actitudes cambiaron.
Recuerdo una noche. Llegué a casa a las tres de la mañana, tropezando con mis propios pies. Ella me esperaba en el sofá, con una taza de manzanilla entre las manos, ya fría. 
—Hijo, ¿dónde estabas?, —preguntó con una voz que era apenas un susurro.
—¡Donde se me da la gana! ¡Ya deja de esperarme, no soy un niño! —le grité— lanzando mis llaves sobre la mesa con un ruido metálico que estremeció el ambiente. No me detuve a ver la herida que mis palabras abrieron en su rostro. Solo seguí de largo hacia mi cuarto, dejándola sola en la penumbra de la sala. 

Ella siempre me aconsejaba y me hablaba con mucha ternura, yo no le hacía caso. Me metí en muchos problemas: escándalos en la calle, autos dañados, borracheras, policías. Era un desastre.
¿Se preguntarán quién era la única persona que salía a defenderme? ¿Quién tenía que arreglar las cosas con la policía para que me dejaran ir? Quién más podía ser: mi madre. Ella hacía todo lo posible para sacarme de ese mundo tan trivial, para convencerme de que lo que estaba haciendo era incorrecto. Desde que mi padre falleció de un infarto al corazón cuando yo tenía 15 años, ella nunca bajó los brazos; siempre estuvo a mi lado.

Hoy, a mis 30 años, sueño con ella todas las noches. Veo su rostro mirándome tiernamente, acaricia mis cabellos, me da un beso en la frente y, con su voz tan dulce, me dice: «Te amo». Me abriga en sus brazos y vuelvo a ser su pequeño hijo de 10 años. A mi lado, mi padre sonríe. Los tres corremos por el campo con mucho embeleso, felices junto a la naturaleza. Las hojas amarillas de los árboles, con el soplo del viento, caían sobre nosotros al compás de la canción “Cotton Fields” que bailábamos.
Ellos me sostienen en sus brazos; me siento seguro. Es mi refugio, allí nada ni nadie puede lastimarme. Mi padre sonríe, pero su sonrisa se desvanece lentamente. El campo vibrante se disuelve y es reemplazado por un ambiente oscuro y frío. Escucho palpitar tan lento el corazón de mi padre. Lo veo echado en una cama de hospital, rodeado de esas máquinas y cosas raras que suelen acompañar a un paciente en agonía. A su lado, mi madre llora mientras le toma la mano. Los latidos son cada vez más lentos, hasta que dejan de escucharse.

Empieza a llover. Me veo en la carretera, en el auto que conduzco actualmente. A mi lado está mi madre, con esa dulce mirada, hablándome con ternura y acariciando mi cabello. Pero yo la estoy rechazando, le estoy gritando, pidiéndole que deje de tratarme como a un niño. «¡Ya tengo 22 años y puedo solucionar mis problemas solo, mamá, deja de molestarme!». Me tragué mis palabras. Se me hizo un nudo en la garganta cuando la vi derramar sus lágrimas. Agaché la mirada, quería decirle que lo sentía, que la amaba y que agradecía todo lo que hacía por mí, pero el impacto y la fuerza descomunal del auto que cruzaba la avenida me dejaron en silencio. Todo se detuvo. Y entonces… todo se nubló. No hubo dolor, solo una extraña calma.

Me encontré de pie en la carretera. Allí estaba ella, frente a mí, intacta, con su mirada sublime clavada en mis ojos. El auto estaba destrozado por el lado donde ella viajaba y, dentro, su cuerpo yacía ensangrentado. No entendía lo que pasaba. Si mi mamá está en el auto, ¿quién es la persona que está frente a mí? La miré, intrigado. Se acercó y no sentí miedo; al contrario, su cercanía me inspiraba mucha tranquilidad. Acarició mi cabello y besó mi frente. En ese momento entendí… era su espíritu el que estaba presente.

—Mamá… —mi voz se quebró. No era una pregunta, era una súplica—. Yo… lo siento. Por favor, perdóname. No te vayas.
Ella sonrió, una sonrisa triste pero llena de paz. No necesitaba mis torpes palabras.
—Shhh, mi niño. Ya está. Tu silencio en el auto... lo escuché todo. Lo entendí, Tu corazón me lo dijo todo.
La miré, sin entender.
—Es el mismo corazón de tu padre —continuó, y su mirada se perdió un instante— Fuerte, alegre y bueno. Te perdono hijo. Sé que harás lo correcto. Tu padre me espera.
—Pero no me dejes —repetí, aferrándome a su imagen como un niño cubierto de miedo.
—Jamás lo hare. Estaré aquí —dijo tocando suavemente mi pecho—, cada vez que prepares tu café.
Su imagen comenzó a desvanecerse, a fundirse con la llovizna.
—Adiós, mi niño, Solo no olvides… «el café te hace daño… contrólate…»

Entre lágrimas, pude evocar una sonrisa y vi cómo se alejaba hacia el horizonte, mientras el eco de su voz flotaba con las palabras que me decía: «Despierta, mi niño…, despierta ya».

Me encuentro en casa, bajo el manto frio de la soledad. Mis manos sostienen la taza humeante del café cargado. Hoy no lo voy a tomar. Me siento en el sofá de la sala, contemplando la foto de mi familia cuando éramos felices. Y en el silencio de mi apartamento, por primera vez en mucho tiempo, le hago caso a mamá.


Fin.

Mike Durand 25/12/2009

miércoles, 13 de agosto de 2025

Te Amo

 


"Te amo"

Vuelvo a sonreír, vuelvo a ver la claridad de la vida, vuelvo a sentir mi corazón acelerado. He recuperado aquellos sentimientos de amor que ya daba por perdidos; la soledad era en ese momento mi única compañía.

Llegaste a mi vida sin pensarlo, cuando ya casi estaba perdido, sin dirección y con mi alma vacía. Llegaste cuando más te necesitaba.

No quería aceptar que necesitaba un alma gemela que acompañara el rumbo de mi camino. Tu mano, tu sonrisa y tu paciencia hicieron que mi mundo se convirtiera en lo más maravilloso que he podido sentir.

Te amo... siempre. Estamos juntos construyendo nuestra historia. Eres mi guía, eres la luz que necesito, eres el aliento de mi alma, eres el calor de mi cuerpo, eres el tiempo que marca los segundos de cada instante en el que crece mi amor por ti. Eres todo lo que quiero, eres todo lo que necesito.

Hoy seguimos avanzando, dando un paso más, magnificando nuestro amor, escribiendo en nuestro libro la historia de amor más bonita que hemos podido sentir.

 

martes, 12 de agosto de 2025

Dante

Dante (Capítulo 1)

Al despertar, mi vista borrosa luchó por enfocar el reloj alarma, y cuando finalmente se aclaró, descubrí que aún faltaban 5 minutos para que sonara. Aún hay tiempo—pensé—, recojo la frazada cubriendo mi rostro —qué frío—, este mes está tan helado. Intento sumergirme de nuevo en el sueño. —No logro conseguirlo—. lo único que obtengo es tenerte en mi mente. Hoy cumpliríamos 35 años de estar juntos y el clima frío… me ayuda a recordarte:

1990, con mis 15 años de edad, secundaria mixta en el colegio del Callao, Nuestro barrio colorido, nuestros callejones y quintas envueltas en plantas y flores que se mezclaban con el olor a tabaco. Estaba muy de moda fumar en esos tiempos, si no tenías un cigarro entre tus dedos era como sentirse desnudo, formaba parte de nuestro atuendo y a mi edad, no me permitiría estar despojada ante los ojos de mis amistades.

Un foco grande ilumina la entrada, que a partir de las 7 de la noche era el punto de encuentro con todas mis amigas de la quinta. Desde allí observábamos a los chicos pasar, fue nuestra pasarela privada por mucho tiempo y lo usábamos para señalar y escoger al más atractivo.

El rugir de un motor nos exaltó, mi cuerpo sobresaltó y mi corazón latió a mil. Frente a nosotras descendía de una moto lineal un chico, que fue el motivo para que todo en mi se estremeciera. 

Se retiró el casco suavemente dejando caer con el viento su ondeada cabellera castaña y recogiendo con sus manos hacia atras para iluminar su rostro, con aquellos ojos intensos de color verde que al mirarlos sentía que me penetraba el alma, su piel blanca y terza resplandecia con la luz de la noche, una nariz respingada, junto con unos labios rojos y delgados, me provocaban tanta calentura que sentí que mis pechos se endurecieron y sobresalían de mi blusa.

Trague saliva cuando se quitó la casaca de cuero dejándola caer sobre el asiento y así, dejó al descubierto la mitad de su anatomía, su dorso encajado a su polo marcaba sus abdominales rígidos, sus brazos marcados con venas prominentes llegaban hasta la punta de sus dedos, esos dedos con los que deseaba ser tocada.
Todos mis sentidos se centraron en él, era un chico muy atractivo, el mejor de mi pasarela… y lo quería para mi.

Teddy es familia.

“Teddy es familia”

El silencio se rompió cuando un grito de una niña me desestabilizó la lectura.
—¡Papá, Teddy se cayó al hueco! —El osito de peluche se envolvió en la mugre de ese abismo.
—Carlita, ¡oh no!, está muy profundo para poder sacarlo —dijo el padre analizando el angosto espacio—. Es mejor que lo dejemos allí; ya te compro otro.
—¿Cómo puedes decirme eso, papá? Teddy es familia. ¿Acaso dejarías a mamá si ella cayera allí?
La mirada del padre cambió, y le dio la importancia que la situación merecía a causa de la pregunta de su hija.
—Pero Carlita, tenemos prisa. Debemos llegar pronto al doctor. Te prometo que, regresando, lo rescatamos. Teddy va a seguir allí.
—Pero, papá, tiene frío, se ve asustado. Va a tener hambre hasta que regresemos. No podemos dejarlo allí.
El padre miró a los lados, buscando algo, supongo que un objeto largo que pudiera usar para rescatar a Teddy.
Yo lo encontré primero. Era una barra de metal de un metro y medio, más o menos. Miré al padre buscando su atención.
—Allí, mire. Eso le puede ayudar —le dije.
Me agradeció asintiendo con la cabeza.
—Papá, con cuidado, por favor. No vayas a lastimarlo.
—No te preocupes, hija —estiró el brazo lo más que pudo y llegó a alcanzar a Teddy—. Lo tengo, lo tengo, ya casi llega. Carlita, prepárate para agarrarlo.
Los ojos de la niña se iluminaron, y una sonrisa se dibujó en su rostro. En un instante, ya tenía a Teddy entre sus brazos. No le importó lo sucio que estaba el peluche ni lo rasgado que había quedado. Teddy es familia, y eso es lo más importante para Carlita.

caí en sus encantos.

“Caí en sus encantos.”

Lo siento mi amor, no sé en que estuve pensando en ese momento, me deje llevar. Estaba solo y ella estaba allí tan reluciente en ese espacio tan nostálgico de aquella mesa, que pedía, sin decir palabras, que la tocara. 

Amor, resistí, luché por no caer en la tentación, por no dejarme seducir por su belleza, por la textura de su cuerpo y la suavidad de su contorno. 
Pero…pasaron los minutos y mi ansiedad se incrementó junto con el deseo de fundirme con ella. 

Mi corazón pensaba en ti, en nuestro acuerdo, en nuestro momento juntos. Exigía al tiempo se apresure para que llegues a mi encuentro… y así evitar derretirme a sus encantos.

No pude amor, caí con ella y la toqué, la sostuve en mis manos, la mire con tanto anhelo, use mis dedos para acariciarla desde el inicio hasta el final y luego subí por su mitad y presione el botón “Encender”, puse Netflix. Vi el capítulo 5 de “Better Call Saul”. Soy un tonto, PERDONAME

viernes, 1 de agosto de 2025

“En la estación del Tren”

 


“En la estación del Tren”

Llegué a la estación de tren y, de repente, una sensación extraña me invadió. Como una advertencia silenciosa, la piel se me erizó. Al levantar la mirada, noté que alguien me estaba observando.

—¿En serio? ¿Me está mirando a mí? —pensé, sintiendo el calor subir por mi cuello—. No, seguro está mirando a alguien que está detrás.

Giré la cabeza discretamente. Solo había una señora meciendo a su bebé en brazos. No, definitivamente no era a ella a quien miraba.

Mi corazón empezó a latir con un ritmo irregular. Intenté convencerme: —Estoy bien. Esto no puede ser cierto—. Respiré hondo y levanté la vista, lentamente, con la esperanza de que ya estuviera mirando a otro lado.

Pero no. Ahí estaba. Me seguía mirando. Y de pronto, sus labios se curvaron en una sonrisa. Diablos. Mis músculos faciales se tensaron. Intenté devolverle la sonrisa, pero no pude. Me quedé paralizado, solo atiné a sostenerle la mirada. Y justo en ese instante, ella me sonrió de nuevo. No fue una sonrisa casual, sino una genuina, que le iluminó el rostro.

Era tan hermosa que me costó asimilarlo. Sus ojos, de un color avellana que brillaban con picardía, contrastaban con sus labios, de un rojo intenso y natural. Su cabello, de rizos castaños, enmarcaba un rostro perfecto. —Qué hago? —me pregunté, sintiendo que los nervios me jugaban una mala pasada. Nunca nadie me había mirado así.

—Ok, ok, la miraré de nuevo, esta vez intentaré sonreír.

Mi mente me ordenaba actuar con normalidad, pero mi cuerpo no respondía. Mientras la observaba, noté que ella volvió a sonreír y, con un gesto coqueto, se llevó un mechón de su cabello rizado detrás de la oreja. Y luego, para mi sorpresa, empezó a caminar hacia mí. ¿Lo está haciendo de verdad?

Un sudor frío empezó a correr por la palma de mis manos. ¿Qué le digo cuando esté cerca? Mi mente era un caos, un torbellino de preguntas sin respuesta.

—Solo mírala y espera —me dije.

Se acercaba cada vez más, y con cada paso, su presencia se hacía más real. Finalmente, se detuvo frente a mí. Pude percibir el suave aroma de su perfume, una mezcla delicada de vainilla y flores, y el fresco olor de su cabello. Era simplemente asombrosa.

—Hola —dije, y mi voz salió temblorosa, casi como un suspiro.

Ella sonrió de nuevo, una sonrisa que alcanzaba sus ojos. —Hola —respondió con una voz dulce—. Perdona, esto puede sonar un poco raro, pero no pude evitar mirarte desde que llegaste. Me pareces un chico muy guapo.

La sangre se me subió a la cara. Sentí el sonrojo en mis mejillas y me apresuré a contestar. —Muchas gracias. Soy Sebastián, o solo puedes decirme Sebas—. ¿Qué estupidez acabo de decir? Mi respuesta sonó tan torpe que quise que la tierra me tragara.

—Tienes un nombre bonito, Sebastián —dijo ella, ignorando mi evidente nerviosismo—. Mi nombre es Melina.

—Gracias, el tuyo también —respondí—. Y todo lo que te acompaña. Le sonreí de vuelta, y esta vez sentí cómo la sonrisa se formaba de manera natural. Ella se mordió el labio inferior con una dulzura que me dejó embelesado.

Estaba tan concentrado en ella que apenas fui consciente del rugido del tren que se aproximaba, rompiendo el silencio de la estación.

—¿Subirás? —preguntó Melina, señalando el tren que se detenía frente a nosotros.

Mi mente entró en pánico. —No, la verdad es que estoy esperando a mi hermano menor —¿Por qué diablos dije eso? Él puede tomar el siguiente tren.

—Oh, bueno, entonces... tendré que irme —respondió Melina, su voz con un toque de decepción.

—¡Espera! —grité, el desespero en mi voz era inconfundible—. Mi hermano puede irse en otro tren.

Melina me miró, y la dulzura en su mirada me desarmó. —No te preocupes. Sé responsable. Cumple con la obligación de hermano mayor que eres —dijo, con una voz tan suave que era imposible contradecirla.

Las puertas del tren se abrieron con un chirrido, invitándola a subir. Ella se dio la vuelta y sacó una tarjeta de su bolsillo.

—Este es mi número de celular —dijo, entregándomela—. Espero saber de ti pronto. Adiós, Sebastián.

Subió al tren, y yo seguí paralizado, sosteniendo la tarjeta en mi mano. Recorrí con la mirada el vagón que se alejaba, sintiendo cómo se llevaba consigo el aroma de Melina. Salí de mi asombro cuando la voz de mi hermano me sacó de mi ensueño.

—¡Ay caray, por poco y llego alcanzarlo, Sebas! Oye, ¿estás bien? Te ves perdido —preguntó.

—Ah, ¿qué? Sí, estoy bien —dije, intentando reaccionar.

Miré la tarjeta en mi mano, saqué mi celular y, con el corazón latiendo a mil, marqué el número. El teléfono empezó a sonar...

—¿Aló? —contestó una voz femenina al otro lado.

—Hola, Melina. Soy Sebastián —dije, respirando hondo y dejando de lado todo el miedo—. Quería preguntarte si... quisieras tomar un café conmigo.

Un breve silencio se extendió.

—¿Sí? ¿Me esperas en la siguiente estación? —pregunté, mi voz temblorosa de la emoción—. ¡Ok! Allá nos vemos, Melina.

Mi hermano, que me miraba sin entender nada, preguntó: —¿Todo bien, Sebas?

—Sí, hermanito, todo bien —le respondí con una sonrisa que ya no podía ocultar.

Guardé el celular y tomé la mano de mi hermano. El siguiente tren llegó, y al subir, una sonrisa tonta se dibujó en mi rostro. No solo iba a la siguiente estación, sino que iba a encontrarme con alguien que, tal vez, podría ser la chica de mis sueños.

 

jueves, 31 de julio de 2025

Clandestino

"Clandestino"

Miradas furtivas, roce de manos intencionado. Estamos frente a frente, mirándonos los labios. Me acerco más a ti y puedo sentir tu aroma. Bajas la mirada, pero no puedes escaparte, te dejas llevar, nos dejamos llevar.

Estamos nerviosos, sí, lo sé. Es la primera vez que nos besamos. ¿Será la última?

Vive

¡VIVE!

Nunca ocultes tus sentimientos. Deja que la magia del momento aflore. No sientas miedo, pues el miedo sería dejar de sentir. Aún puedes volver a amar.

¿Sientes este cosquilleo? Tu cuerpo se agita, renacen las sensaciones de placer y tu ritmo cardíaco se acelera a mil por hora. ¿Lo sientes? Entonces, solo cierra los ojos al momento de besarla, déjate llevar por sus caricias y escucha el susurro de su voz.

¡Vive! Deja que los sentimientos te guíen hacia el mundo de placer que te ofrece. Deja la puerta abierta y manda al carajo la llave de tu pasado. ¡Vive!

miércoles, 23 de julio de 2025

"Al Final del Camino, Tú"



"Al Final del Camino, Tú"

 

Pienso en ti.

En tu sonrisa resplandeciente,

en tu voz tan peculiar y celestial.

En aquellos ojos grandes que me atrapan,

y de los cuales nunca quiero escapar.

En tus manos pequeñas y frágiles

que inspiran la necesidad de cuidarlas,

de tenerlas entrelazadas con las mías.

 

Te extraño a cada instante.

Hay momentos en que quisiera,

que el reloj dejara de avanzar

y así poder ir donde estés.

Quedarme a tu lado, abrazarte, besarte…

dejándonos llevar por lo que sentimos,

por lo que deseamos.

 

Mi vida es un laberinto,

hay situaciones que me abruman.

Pero estando a tu lado,

todas mis penumbras desaparecen.

Al verte llegar, mi corazón se agita

por tenerte cerca,

por sentir tu aliento, tu abrazo

y la calidez de tu cuerpo.

 

Eres la pieza que faltaba en mi vida,

el complemento de mi corazón,

la razón por la cual tengo esperanzas

y creo que el amor siempre nos aguarda.

A veces es tardío,

pero al final del camino,

nos espera el ser que tanto anhelamos,

que nos llena de amor.

Al final del camino apareciste TÚ,

cautivando mi alma

y abrigando de calor toda mi existencia.


domingo, 20 de julio de 2025

Destino

 


“Destino”

Cuando te conocí por primera vez, tenía tan solo 10 años.

Te vi en el colegio.

Después de ese día, estuve buscándote por todos los salones, pero no te volví a encontrar.

Así que, empecé a soñarte, esperando el día en que te volviera a ver.

Pasaron muchos años para que nuestros destinos se unieran.

Un día me preguntaste:

—Si pudieras volver en el tiempo, ¿a qué día irías y por qué?

Respondí sin titubear:

—Iría al día en que te vi por primera vez. Porque ese día no tuve la oportunidad de decirte, que me enamoré de ti, que te amé desde ese instante… y que 25 años después, te convertirías en mi esposa.


Te amo. Mi Algodón de azúcar.

sábado, 12 de julio de 2025

“Tu Voz, Mi Consuelo”

 


“Tu Voz, Mi Consuelo”

Lloré desconsolado recostado en su pecho, y pude ver cómo mis lágrimas penetraron su corazón. Me quedé allí, sin decir nada, asombrado cómo desaparecía la tristeza de mi ser.

Ella recogió mi rostro y de sus labios salieron las palabras que necesitaba escuchar: "Tranquilo, todo va a estar bien".

No sabes cómo esa sencilla oración pudo cambiar mi día, no sabes lo importante que es escucharte decirlo.

Nunca dejes de hacerlo.

“Mi Felicidad Eres Tú”

 

“Mi Felicidad Eres Tú”

Tú me haces sentir lo mejor que la vida me da.
Y yo sé que contigo podré avanzar en el camino del bien.
Ya no hay más la tristeza del mal, pues tu paz abunda en mi ser.
Y sabré cómo es que debo de amar, ya que en ti vive el amor.
Hoy ya sé, ya que contigo aprendí la verdad y el significado de amar.
Soy feliz, y muchas veces más que ayer, y te lo debo a
ti por creer en mí.

“Acércate a mi” Poema y canción


 

“Acércate a mi”

 

Acercarte a mí,

y oirás mi corazón latir;

esta noche esta de azul,

y la luna en su mejor Faro,

incita a soñar, invita a amar.

 

Si un beso yo te doy,

pecado no ha de ser;

culpable es la noche

que incita al amor,

¡me tienta, acércate ya!

 

Mezcla de ternura y de tormento

es este amor que mi alma siente;

como a nadie, a ti te amaré.

Pues el beso de tu boca

mis labios quemo.

 

Y al sentir tan feliz embeleso

Con un beso un amor nació.

Acércate a mi…

 

Canción

“Acércate a mi”

 

Acercarte a mí, y oirás mi corazón latir, esta noche esta de

azul y la luna en su mejor Faro, que incita a soñar que invita a amar.

Si un beso yo te doy, pecado no ha de ser, culpable es la

noche que incita amar, me tienta el amor, acércate ya.

Mezcla de ternura y de tormento es este amor, que mi alma

siente

Como a nadie a ti te amare.

Pues el beso de tu boca a mis labios quemo, y al sentir tan

feliz embeleso

Con un beso un amor nació.

 Acércate a mi…

 

viernes, 20 de junio de 2025

SI ME QUEDA UN POCO DE VIDA



"Si me queda un poco de vida"

 

Amaneciendo el día, las rosas dan su olor,

quiero estar vida en vida, despertando con tu amor.

 

Si las aves ya no te cantan, te cantará mi corazón.

Te agradezco todo el tiempo y la forma de tu amor.

 

Si me queda un poco de vida, quiero acabarlo a tu lado,

para que el recuerdo no caiga en el abismo del pasado.

 

Si me queda un poco de vida, voy a entregarlo todo a ti,

porque eres lo único en mi vida, lo que perdura siempre en mí.


Mike Durand

jueves, 19 de junio de 2025

Gotas de olvido



Gotas de Olvido

Mi corazón desgarrado y desangrado, desvanece su latido, apenas lo escucho, mi respiración cortante me lo impide.

Una fría noche de lluvia golpea mi sien, las gotas se hacen más pesadas, es que mi cuerpo es un desparpajo de dolor.

Apenas puedo levantar la botella de alcohol y trago el último sorbo, junto con esas gotas cristalinas, que espero me ayuden a olvidarte.

He intentado de mil formas sacarte de mis pensamientos, Así que este es mi último intento, mi último aliento.

Ya no escucho mis latidos, ya no siento las gotas de la lluvia, apenas distingo la botella de alcohol.

Es el fin, ahora sí, podré dejar de amarte.

 


miércoles, 18 de junio de 2025

Entre Escombros y Abrazos

 

Las paredes dejaron de temblar. Frente a nosotros se extienden los escombros esparcidos por el terremoto. Estamos refugiados debajo de una viga enorme que nos protegió de los golpes. Estoy abrazando a mi esposa e hijo, protegiéndolos de los objetos que volaban y nos atacaban como estrellas fugaces.

 “Los amo, no se muevan de aquí hasta que llegue la ayuda”- les digo. Están asustados. Me preguntan con desesperación: “¡¿Qué pasa?!” – “No podré salir con ustedes”, respondo.

 Nuestras lágrimas se mezclan con mi sangre, que brota de un costado de mi cuerpo y se desliza por el suelo. Con mi último aliento, les susurro: “Los amo...” Sin dejar de abrazarlos, con la visión casi borrosa, veo llegar a un grupo de hombres de rojo. ¡¡VENIMOS A AYUDAR!! gritan.

 “Papá, resiste...”, escucho el susurro de mi hijo. “Amor, ya llegó la ayuda, quédate con nosotros…”, de forma atenuada escucho la voz de mi esposa. Pero mi aliento se agota, mi fuerza declina, mis ojos se cierran y todo queda en silencio.

UNA MUESTRA DE AMOR


"Una Muestra de Amor"

 

Carlos no dejaba de mirar a través de la ventana. Aún tenía la esperanza de conseguir el dinero suficiente para comprar aquellas zapatillas que tanto le gustaban. Aunque el trabajo de cargar sacos de papas no le rendía lo suficiente, estaba decidido a esforzarse más para conseguir lo que tanto deseaba.

Dentro de la tienda, Carlos miraba con nostalgia a los niños que sonreían felices al lado de sus padres. Ellos lo recibían todo; sus papás les compraban lo que querían. Carlos no tenía a sus padres; los perdió en un accidente a los seis años y, desde entonces, vivía con su tío Efraín. Él era un hombre bueno, algo renegón, pero quería mucho a Carlos. Trabajaba como verdulero, pero el negocio no iba bien, y por eso Carlos tenía que trabajar para ayudar a su tío con la comida. Deseoso de tener esas zapatillas, empezó a ahorrar cada céntimo que ganaba de los sacos extra que cargaba en el mercado.

Por las noches le era difícil dormir. Las pesadillas le hacían recordar la tarde en que sus padres murieron, cuando un camión se cruzó y embistió el carro donde ellos viajaban. Todo pasó tan rápido... Carlos apenas pudo salir del vehículo casi destrozado. La imagen de sus padres sin vida lo despertaba bruscamente de esa pesadilla.

Pasaron aproximadamente dos meses y Carlos ya había juntado el dinero para comprar las zapatillas: 175 soles con 30 céntimos. Repetía la cifra una y otra vez para no olvidarla. Estaba feliz. De camino a casa, vio salir de ella a un señor vestido de blanco con un maletín negro en la mano; por la expresión de su rostro, Carlos sintió que algo malo estaba pasando.

—¡Señor, señor! ¿Qué sucede?

—Ah, hola, Carlos. Escúchame, tengo que hablar contigo – se agacho a la altura de Carlos y con voz pausada dijo - Tu tío Efraín está muy enfermo.

—¿Enfermo, dice? Pero si él solo tiene tos y está tomando unas pastillas para que se le pase.

—Carlos, tu tío ha estado ocultando su enfermedad y ahora se le ha complicado. Él necesita unos medicamentos para mejorar; de lo contrario, no va a resistir más. ¿Me entiendes, ¿verdad? Le he dicho que los compre, pero al entregarle la receta no ha querido aceptarla.

—Señor, ¿cuánto cuestan esas medicinas?

—Están caras, por lo menos serán 170 soles. Pero si toma esa medicina, va a estar mejor. Convéncele de que las compre.

170 soles. Carlos se quedó pensando. Miró hacia atrás y, a lo lejos, vio la tienda donde estaban las zapatillas que tanto deseaba. Regresó la mirada a la puerta de su casa y las imágenes del accidente de sus padres le vinieron a la mente. Sollozó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Señor, lo único que tengo en este mundo es a mi tío. Él es mi única familia y no quiero perderlo. Por favor, acompáñeme a buscar las medicinas. Yo las voy a comprar.

—Tienes un buen corazón, hijo. Vamos, te acompaño.

Carlos regresó a su casa con los medicamentos y encontró a su tío echado en la cama, sudoroso y tosiendo fuertemente.

—Hola, tío. He traído tus medicinas.

—Carlos, acércate. Hijo, ¿por qué has gastado tu dinero en mí? No vale la pena.

—¿Por qué dices eso, tío? Tú eres la única familia que tengo y no quiero perderte.

—¿Sabes? Cuando tus padres se fueron, empecé a verte como el hijo que nunca tuve. Decidí convertirte en un hombre de bien, darte todo lo que necesitaras, pero el dinero no me alcanza. Hijo, lo siento de verdad. El dinero que has utilizado son tus ahorros, los que con tu esfuerzo has conseguido. No es justo que hagas esto por mí.

—Tío, sé que también harías lo mismo por mí. Por favor, no importa. Eres lo más importante ahora, el resto puede esperar. Ya no estés triste, vas a estar bien.

—Carlos, sin duda tienes un gran corazón. Vas a ser un gran hombre en la vida. Gracias, hijo.

—Tómate tus medicinas y descansa, tío.

Carlos acarició el cabello de su tío, secó el sudor de su rostro, acomodó la almohada y, echándose a su lado, se quedó dormido.

Al día siguiente despertó apresurado. Efraín no estaba en la cama. Lo buscó por toda la casa, pero no había señales de él. Preocupado, se sentó en la mesa. Frente a él había un paquete envuelto en papel de periódico con una tarjeta que llevaba su nombre. A la espalda, un mensaje decía: “Para mi querido sobrino, que dejó de lado lo que quería para regalarme la oportunidad de seguir viviendo. Este presente lo conseguí ahorrando para ti. No quería comprarme las medicinas porque lo único que quería era tu felicidad”.

Carlos desenvolvió el papel y dentro estaban las zapatillas que él deseaba. Sonrió, sus ojos brillaron de emoción y empezó a llorar, aún sin salir de su asombro. En ese instante, escuchó el sonido de la puerta que se abría: era su tío Efraín, entrando a la casa con el desayuno en la mano. Carlos, al verlo, se lanzó hacia él, abrazándolo fuertemente y mojando su camisa con su cara empapada en llanto.

—¡Gracias, tío, te quiero mucho!

—No, Carlitos. Gracias a ti, por tener un gran corazón.



FIN…

martes, 17 de junio de 2025

Inquietante Espera





Inquietante Espera

La sala de espera está silenciosa, fría, con paredes tan transparentes que se ve a la gente pasar. Pero ellos no te ven. La recepcionista tiene la mirada plantada en la pantalla de su monitor, y ni siquiera se inmuta cuando se escucha el grito de una mujer, seguido inmediatamente por el estruendo de un motor.

Me levanto de un salto y le pregunto:

—¿Qué sucede?

Ella, sin apartar la vista de la pantalla, responde con frialdad:

—Es parte del procedimiento.

El grito resuena nuevamente, esta vez más escandaloso. Ahora puedo distinguir el sonido del motor: es un taladro. Me acerco al mostrador, completamente asustado, desesperado, y le grito:

—¡Déjenme ver a mi esposa!


domingo, 15 de junio de 2025

"Vuelve conmigo" y la Historia detras de la canciòn.



 "Vuelve conmigo" (Historia y Canción)

(La Historia)

Rodrigo y Clara eran una joven pareja de esposos, unidos por un amor constante que el tiempo solo había fortalecido. Con sus metas logradas, vivían una felicidad plena y tranquila.

La tragedia, sin embargo, llegó a sus vidas cuando a Clara le diagnosticaron cáncer de mama. Rodrigo nunca se apartó de su lado; pasaron juntos por todo el doloroso proceso de la quimioterapia, enfrentando cada día como uno solo. Después de un largo tiempo de lucha, el cáncer entró en remisión. La alegría regresó a su hogar y retomaron todos los planes que habían dejado pendientes. Pero esa felicidad duró muy poco.

Unos meses después, en uno de sus chequeos habituales, recibieron la terrible noticia: el cáncer había regresado de forma agresiva. Mientras Rodrigo estaba en el trabajo, recibió la llamada de Clara.

—Voy para allá —dijo Rodrigo sin dudar. —No, Rodrigo —respondió ella con calma—. Me van a internar, pero estaré bien. Ven más tarde, después del trabajo.

Rodrigo aceptó, confiando en sus palabras. Sin embargo, mientras la trasladaban a su habitación en la clínica, Clara sufrió un infarto fulminante. Cuando los médicos intervinieron, ya era demasiado tarde.

La noticia golpeó a Rodrigo como un rayo. No lo podía creer, no lo aceptaba. Fue tan impactante saber que su esposa había muerto que, de la conmoción, se desmayó. No despertó hasta varios meses después. Estuvo ausente en el velorio y en el entierro; no pudo despedirse de ella.

Cuando por fin despertó en el hospital, lo primero que dijo fue: —Tengo que ver a Clara. Está en el hospital... me han dicho que se fue. ¡Que se fue!

Gritó, se desesperó, lloró. Quería levantarse de la cama, pero los médicos lo tranquilizaron hasta que volvió a dormir. Al día siguiente, los mismos gritos resonaron desde su habitación. El día después, la misma escena. Y así, cada día. Era un bucle emocional sin fin.

Rodrigo fue diagnosticado con una condición disociativa severa, un "Síndrome del Bucle Emocional": su mente, para protegerse del trauma, se reiniciaba cada día, haciéndole revivir los mismos últimos minutos de la noticia de la muerte de Clara.

La ayuda psicológica resultaba en vano. Aunque Rodrigo podía asimilar y procesar la muerte de su esposa durante la terapia, olvidaba toda la sesión al día siguiente. Cada mañana, al despertar, su esposa moría de nuevo. Para Rodrigo, Clara muere todos los días.

En una de sus sesiones, con la mirada perdida, describió su tormento:

«Cuando despierto, lo primero que quiero hacer es abrazar a Clara, pero en la habitación solo veo su foto. Siento esta necesidad de ir a buscarla, solo que... no sé a dónde. Luego, mi corazón siente que se rompe, como si algo se clavara en él, y me duele. Duele mucho. Es entonces cuando llega a mis pensamientos la noticia de que ella ha muerto. La necesito. No puedo mantenerme vivo sin ella. Solo quiero que regrese, quiero que vuelva conmigo».


(La Canción: "Vuelve conmigo")

(Estrofa 1)

 Hoy desperté,

y lo primero que quería hacer,

era abrazarte, mi amor.

 Te busqué,

y lo único que encontré,

fue tu imagen, mi amor.

(Estrofa 2)

Salí a alcanzarte,

pero te alejaste tan deprisa,

no pude besarte.

(Coro)

Y me di cuenta de que te había perdido,

me dejaste solo con mi corazón herido.

Te necesito para mantenerme vivo,

no me destruyas, por favor... vuelve conmigo.

(Outro)

Vuelve conmigo...

Vuelve conmigo...

Vuelve conmigo...


miércoles, 11 de junio de 2025

Abuelo, ¿Como conociste a la Abuela?

 —Abuelo, ¿cómo conociste a la Abuela?

—Ven pequeña, siéntate aquí. Lo recuerdo como si fuera ayer, aunque ya han pasado 40 años…

Estaba esperando el cambio de color del semáforo en la Av. Principal. Demoraba más de lo normal. Al frente mío, un mar de gente… y en medio de todos ellos, apareció ELLA.

Tan resplandeciente, tan hermosa, con un brillo espectacular que quedé paralizado. No dejaba de mirarla. De repente, el resto de las personas habían desaparecido. La luz del semáforo cambió de rojo a verde y tu ABUELA avanzó. YO, quieto, sin moverme en absoluto.

A cada paso que ella daba, del suelo nacían rosas y el movimiento de sus brazos detrás de ella parecían las alas de un ángel. Su abundante cabello ondeaba de lado a lado al compás del viento. Vestía de azul y de encajes perfectos que resaltaban la silueta de su cuerpo y, alrededor de su cuello, llevaba una bufanda de color rojo.

El tiempo se ralentizó y yo seguía sin moverme. Todo a su contorno era hermoso. Sonreía, con labios rojos y dientes del color de la luna, ¡y qué decir de su piel de color terciopelo! Se acercaba más, junto con el aroma de jazmines que emanaba de ella, un perfume exquisito. Cerré los ojos e inhalé profundamente su aroma, quedando más inmóvil aún. Al abrir los ojos, tu abuela pasó por mi lado rozando mi brazo. El toque de su piel activó el movimiento de mi cuerpo, haciéndome sentir que estaba en el cielo.

Luego, escuché dos palabras: “PERMISO, POR FAVOR”. Era un tipo enorme que quería cruzar la pista. Rompió la magia en ese instante, pero bueno, di la vuelta rápidamente para volver a verla. Ella estaba alejándose. Mi cuerpo empezó a sentirse acalorado, era porque el sol empezó a radiar más fuerte, y eso hizo que ella se quitara la bufanda. Al querer guardarla en su bolso, se le cayó y no se dio cuenta.

Corrí tras ella… y por la bufanda, claro. Ya casi por llegar, otro tipo enorme también la vio, la recogió y gritó: “¡SEÑORITA, SEÑORITA!”. Pero tu abuela no escuchó. Mejor para mí. Llegué a él y le dije: “Hey amigo, ella es mi esposa, yo le entrego la bufanda”. Ja ja ja ja ja, ¿ves? Antes de hablar con ella ya era mi esposa, he he he he. Al tener la bufanda en mis manos podía sentir de nuevo el aroma a jazmín, que volvió a dejarme inmóvil, pero reaccioné de nuevo. Ella se alejaba, así que corrí y la alcancé.

Tomé su mano y le dije: “Señorita, su bufanda”. Fue un momento que jamás olvidaré. Tu abuela cuenta que al sentir mis manos, abrió más sus ojos —tú sabes que tu abuela tiene los ojos grandes y hermosos—, una mezcla de misterio y susto; un susto que la impulsó a intentar darme una cachetada con la otra mano, pero… al momento de voltear y mirarme, no logró hacerlo. Dice que fue algo que vio en mí que le inspiró confianza. No sé, cree ella que fue mi barba sexi, o el color de mis ojos. Yo pienso que fue porque quedé arrodillado sosteniendo su mano, era como una imagen de pedida de matrimonio. Pero que me salvé de la cachetada, eso sí fue un hecho.

Estaba allí, frente a ella. “Disculpe señorita, se le cayó la bufanda. He corrido más de 10 cuadras para alcanzarla” —siempre yo exagerando, en realidad fueron como unos 20 pasos—. Ella sonrió, recibió la bufanda y dijo: “GRACIAS”. Siguió su camino. La vi alejarse, pero fui detrás de ella. “Señorita, disculpe, es que no quería dejar pasar este momento, ¿será que puedo invitarla a comer un helado de camino?”.

Y tu Abuela dijo: “ESTÁ BIEN”.

Y así, mi niña linda, fue como conocí a tu Abuela. Desde ese día inició una historia de amor que perdura tantos años, y el fruto de ese amor fue tu padre, Evan, quien a su vez nos dio el regalo más grande: a ti, mi pequeña nieta.

Mike.